Por: Alfonso Sánchez García
Hace más de una década, Andrés Manuel López Obrador nos recordó que la Cuarta Transformación tenía un propósito muy claro: construir un gobierno del pueblo, con el pueblo y para el pueblo. Ese principio marcó mi forma de hacer política y sigue siendo la brújula que guía cada decisión que tomo.
Por eso decidí registrarme como aspirante a la Coordinación Estatal en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, lo hice porque estoy convencido de que este movimiento necesita seguir fortaleciéndose desde abajo, acompañando a nuestra presidenta Claudia Sheinbaum y manteniendo viva la participación ciudadana que hizo posible este cambio histórico.
Nada de lo que ha logrado Morena en el país y en Tlaxcala habría sido posible sin miles de mujeres y hombres que, con trabajo, convicción y esperanza, recorrieron calles, tocaron puertas y defendieron un proyecto cuando muchos dudaban de él.
Lo digo con conocimiento de causa, porque yo también anduve ese camino desde el inicio, acompañando a mi padre, cuando comenzábamos a sembrar este movimiento en Tlaxcala. Sé lo que significa organizar una asamblea, convencer con argumentos y ganar la confianza de la gente casa por casa, por eso a todas y todos les tengo respeto y gratitud, porque este movimiento no nació desde las oficinas, nació en las comunidades, en los municipios, en los ejidos, en los barrios y en la organización del pueblo.
Ese mismo espíritu es el que debemos mantener, seguir en las asambleas, recorrer cada colonia, cada comunidad y cada municipio para escuchar antes de hablar, para informar antes que imponer y para construir juntos el siguiente paso de la transformación. Ahí está nuestra fuerza y ahí seguirá estando.
He aprendido que la política solo tiene sentido cuando sirve para mejorar la vida de las personas, así que obtener un cargo puede ser relativamente sencillo, lo verdaderamente difícil es honrar la confianza del pueblo con resultados, honestidad y cercanía, por eso nunca he entendido la política como una competencia por el poder, sino como una responsabilidad para servir.
También aprendí que no basta con decirse de izquierda, ser de izquierda significa actuar con honestidad, no darle la espalda a quien más necesita apoyo y combatir la corrupción sin excepciones, los principios no pueden cambiar según la conveniencia del momento, son los que nos sostienen cuando llegan los retos.
En mis recorridos por Tlaxcala confirmo algo que me llena de esperanza, en cada municipio encuentro mujeres y hombres conscientes, comprometidos y decididos a seguir transformando su realidad, esa es la mayor fortaleza de nuestro movimiento, porque mientras existan ciudadanas y ciudadanos organizados y convencidos de que el poder debe ponerse al servicio de los demás, la transformación seguirá avanzando.
Vamos por el camino correcto, no nos mueve la ambición del poder por el poder ni el interés personal, nos mueve la convicción de que todavía hay mucho por hacer por Tlaxcala y por México. Y mientras esa causa siga siendo servir al pueblo, siempre habrá razones para seguir caminando junto a él.

