Aquiles Castro
La encuesta de Enkoll publicada en El Universal nos regala un espectáculo digno de circo político: Ana Lilia Rivera, senadora con licencia, aparece con un 29% de preferencia. ¿Liderando? Sí. ¿Consolidadísima? No. Más bien parece esa atleta que va en primer lugar pero empieza a jadear antes de la meta, mientras el público murmura: “¿Y si se nos cae?”.
Es claro que, en política no basta con estar arriba en los números, hay que parecer invencible. Y Rivera, con su 29%, luce más como quien se aferra al podio con uñas y dientes como la campeona indiscutible.
Alfonso Sánchez García, con 23%, no necesita ganar todavía: le basta con que la narrativa sea “Rivera se desploma” para que el desgaste haga su trabajo.
Lo más irónico es que Morena sigue dominando el escenario con 38% en la preferencia general. Es decir, el partido está cómodo, pero su candidata estrella parece haber olvidado que la política es un deporte de resistencia, no de velocidad.
Y mientras tanto, PAN y PRI con 13% cada uno, como esos invitados que llegan a la fiesta sabiendo que nadie los va a sacar a bailar, aunque hay que reconocer que el crecimiento del albiazul es gracias al trabajo de la Diputada local Miriam Martínez Sánchez, ya que de no ser por ella, el PAN de Ángelo estuviera peor que el tricolor del dirigente lagarto.
Rivera presume indicadores de honestidad y conocimiento del estado, pero ¿de qué sirve si la percepción pública empieza a verla como la que “ya no levanta”?, porque con esa encuesta deja más que firme la caída de 17 puntos en dos meses de abril a la fecha.
En política, la percepción es más letal que cualquier encuesta. El electorado tlaxcalteca, además de que tiene un 20% de apartidismo: posee un terreno fértil para cualquiera que logre vender la idea de que Morena no es tan invencible como parece.
Tlaxcala sigue siendo territorio de Morena, pero la senadora tendrá que demostrar que su 29% es un trampolín y no un epitafio ya que su liderazgo está en riesgo de convertirse en un espejismo si no logra recuperar dinamismo y cohesión interna.

