Sergio González es ya, de los MetepantlesBoys

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Aquiles Castro

En política hay apariciones que despejan más dudas que cien conferencias de prensa. Y la reciente reaparición pública de Sergio González Hernández es una de ellas.

Durante meses, el ex secretario de Gobierno permaneció en una discreta segunda fila, observando cómo comenzaban a acomodarse las piezas rumbo a la sucesión gubernamental de 2027, después de no cuajar sus ambiciones para ser Senador por el PVEM en la pasada contienda.

Así que en la recta final del sexenio de su ex jefa, decidió abandonar la prudencia política para aparecer junto a Ana Lilia Rivera y enviar un mensaje tan claro que hasta los más distraídos lo entendieron.

Y no se trata de cualquier respaldo.

Hablamos de un personaje que durante años fue considerado uno de los hombres más cercanos a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, uno de los operadores políticos más visibles de su administración y uno de los funcionarios que presumía acceso directo al círculo más íntimo del poder estatal.

Por eso su aparición tiene más significado político que electoral.

Porque cuando un ex secretario de Gobierno abandona la neutralidad y se coloca públicamente en una trinchera, lo que está haciendo no es respaldar un proyecto: está enviando una señal.

Y las señales, en política, suelen ser más importantes que los discursos.

Durante años se construyó la narrativa de que Sergio González era parte fundamental del llamado “lorenismo”.

Era el encargado de apagar incendios, negociar conflictos y representar al gobierno en los momentos más complejos.

Se le veía como un hombre de confianza, un operador institucional y un integrante natural del grupo gobernante.

Por eso ahora resulta inevitable preguntarse: ¿qué cambió?, ¿Acaso descubrió repentinamente que la mejor opción para Tlaxcala era Ana Lilia Rivera?, ¿O simplemente comenzó a leer las encuestas, las estructuras y los movimientos internos de Morena para apostar por quien considera que podría convertirse en la próxima inquilina de Palacio de Gobierno?

Porque en política los afectos son temporales, pero las candidaturas son irresistibles.

La imagen resulta particularmente interesante porque exhibe una realidad que muchos intentan ocultar: la supuesta unidad de Morena en Tlaxcala es tan sólida como una sombrilla en medio de un huracán.

Mientras públicamente todos hablan de transformación, continuidad y unidad, en privado los grupos comienzan a delimitar territorios, contar lealtades y medir fuerzas.

Y Sergio González acaba de hacer precisamente eso después de que no le cumplieron y le arrebataron de fea forma la dirigencia del partido del tucán en Tlaxcala.

Lo más llamativo es que su decisión ocurre cuando Ana Lilia Rivera intenta construir una narrativa de fortaleza política después de varios episodios que han exhibido sus dificultades para conectar fuera de los círculos partidistas.

Una senadora que suele confrontar a los estúpidos de la prensa cuando las preguntas son incómodas, que descalifica a quienes cuestionan su trabajo legislativo y que ha hecho de la soberbia una característica más visible que los resultados de su gestión.

Quizá por ello la adhesión de Sergio busca transmitir la imagen de que alrededor de la senadora comienzan a reunirse operadores, estructuras y cuadros con experiencia, aunque políticamente ya no representa nada.

No obstante, también abre una interrogante incómoda para el grupo gobernante. Si uno de los personajes más identificados con Lorena Cuéllar ya decidió aparecer en otro proyecto, ¿cuántos más estarán haciendo exactamente lo mismo, pero todavía en privado?

Porque en los procesos sucesorios existe una regla no escrita: los políticos suelen abandonar el barco mucho antes de que éste deje el puerto.

La fotografía no retrata únicamente a Sergio González y Ana Lilia Rivera.

Retrata el inicio de una etapa donde las lealtades comenzarán a ponerse a prueba, donde los discursos de unidad serán cada vez menos creíbles y donde muchos actores políticos tendrán que decidir entre la gratitud al pasado y la apuesta por el futuro.

Sergio ya tomó su decisión, obvio, el ahijado y el clan morelense de indejos le regresan ese espacio que representa un alto coto de poder.

Ahora falta saber si se trata de una jugada maestra de ajedrez político… o simplemente del primer pasajero que decidió cambiarse de vagón antes de saber hacia dónde va el tren.