El pregón de un “Liderucho” del SNTE
Aquiles Castro
Como ya es costumbre, cada 15 de mayo día del maestr@, el discurso oficial se llenó de flores, aplausos, con mariachis desafinados, comida limitada y un sinfín de promesas recicladas sobre la “noble labor docente”, que son adornados con algunos lideruchos sindicales quienes hipócritas como ellos, lanzan socarronas sonrisas como si hubieran conquistado derechos históricos
Si alguien merece un reconocimiento especial este Día del Maestro, es el dirigente de la Sección 31 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, Cutberto Chávez de la Rosa, pero no precisamente por su valentía sindical.
No. Su talento parece estar en otro rubro: el arte de desaparecer cuando los trabajadores necesitan defensa y reaparecer únicamente para los eventos protocolarios, los banquetes miserables y las fotografías oficiales.
Porque mientras docentes son perseguidos, presionados y pisoteados desde la estructura de la Secretaría de Educación Pública del Estado de Tlaxcala, el dirigente sindical mantiene una postura digna de estatua de yeso: inmóvil, gris y decorativa.
La base magisterial enfrenta hostigamientos administrativos, incertidumbre laboral y abusos que merecerían una defensa frontal. Pero el silencio sindical parece haberse convertido en política institucional.
Eso sí, para perpetuarse en el cargo hay una eficiencia admirable. Ahí sí aparece la operación política, el acomodo, el cálculo y el discurso ensayado. Porque cuando se trata de cuidar la silla sindical, el entusiasmo florece.
Y cuando se trata de defender a los maestros… bueno, siempre habrá tiempo después del siguiente convivio.
Hablando de convivios, el festejo del Día del Maestro de este 2026, terminó convertido en una metáfora perfecta del sindicalismo actual: a los docentes les dieron huesos y pellejos de pollo. Literal y simbólicamente. Una comida que retrata con precisión el nivel de respeto que hoy reciben quienes sostienen la educación pública.
Que vergüenza, porque mientras los discursos hablaban de dignidad y reconocimiento, en los platos aparecía una especie de arqueología avícola que habría hecho llorar hasta a un perro callejero.
Vaya homenaje. Después de años de trabajo, presión académica, carga administrativa y salarios que apenas alcanzan para sobrevivir, el premio fue un festín digno de penitencia medieval.
Quizá el mensaje era pedagógico: enseñarles a los maestros cómo se siente ser ignorados incluso en su propia celebración.
Lo preocupante es que muchos docentes ya ni siquiera esperan defensa. El sindicato, que históricamente debía ser contrapeso y refugio laboral, hoy parece más una oficina de relaciones públicas del poder en turno.
Y mientras las bases sobreviven entre amenazas y simulación, la dirigencia continúa vendiendo estabilidad, porque donde hay miedo y unidad, sobra inconformidad.
Seguramente el próximo año volverán los discursos solemnes sobre la “grandeza del magisterio” y ojala que ese mensaje ya no sea realizado por el gris Cutberto Chávez quien ya amagó que a costa de lo que sea habrá de perpetuarse en el cargo.
Igual y hasta mejoren el menú y le agreguen un poco más de carne al hueso.






