Aquiles Kastro
La política tlaxcalteca tiene algo de feria patronal y algo de concurso de vanidades. Este domingo, mientras unos medían fuerzas en una caminata multitudinaria y otros presumían músculo político en un informe legislativo, actos que dejan en claro que la carrera por Casa de Gobierno ya arrancó.
Porque en política, nadie en su sano juicio organiza movilizaciones de ese tamaño para hablar del clima.
Las imágenes que circularon durante todo el día dejaron una impresión difícil de ignorar: la caminata por la llamada defensa de la soberanía logró apoderarse visualmente de las calles de la capital.
Con tomas aéreas, las largas filas de participantes y la ocupación de avenidas completas construyeron una narrativa poderosa: la de una fuerza política que proyecta cercanía, movimiento y capacidad de convocatoria.
Del otro lado, el informe de la senadora Ana Lilia Rivera, sola y olvidada sin el apoyo de MORENA el partido que presume haber fundado.
Que grave que una pre candidata a la Gubernatura no tenga el respaldo de su partido al que juró haber armado, a unos meses de distancia ya fue desplazada por las nuevas generaciones.
Pese a ello, mostró una concentración importante de simpatizantes, operadores, liderazgos regionales, traidores y oportunistas que se quedaron huérfanos después de vivir del erario público, entre ellos el ex secretario de Gobierno Sergio González.
Con esos dos sucesos, se mostró el músculo de la deslenguada Legisladora quien finalmente reconoció que requiere de aliados, tras realizar un acto de contrición.
Sin embargo, al ser informada del impacto visual que generó la movilización callejera, la cual terminó dominando la conversación pública, suavizó su mensaje y hasta se humilló ante la gente a la que hoy no pendejeó.
Y en política, las percepciones suelen valer tanto como los votos, por eso la diferencia no estuvo únicamente en el número de asistentes. La diferencia estuvo en el mensaje.
Mientras Alfonso Sánchez García apareció acompañado por distintos actores políticos y sociales, proyectando una imagen de fortaleza, apertura, inclusión y construcción de acuerdos, Ana Lilia Rivera volvió a cargar con el peso de su reputación política que ella misma ha construido a pulso: la de una dirigente confrontativa, poco tolerante a la crítica y convencida de que quien no coincide con ella simplemente está equivocado.
Curiosamente, hoy se dio cuenta que requiere de aquellos a quienes los ha tachado de estúpidos, y aunque tarde, admitió que a estas alturas del juego en nada le ayudan los desencuentros con representantes de medios de comunicación.
Tampoco le ayuda las descalificaciones vertidas contra Diputados, Magistrados y la misma Gobernadora, a quienes ha acusado de serviles, arrastrados y corruptos.
La paradoja es fascinante. Una política que durante años ha denunciado los excesos del poder parece haber desarrollado algunos de los mismos rasgos que tanto critica: intolerancia a la discrepancia, desprecio por el cuestionamiento y una evidente dificultad para distinguir entre crítica y ataque personal.
Porque una cosa es la firmeza política y otra muy distinta la soberbia.
Al final del día, lo ocurrido este domingo fue un ensayo general rumbo a 2027. Porque mientras Él, Alfonso Sánchez García le apuesta por sumar, le queda claro que quien aspira a gobernar Tlaxcala no puede pelearse todos los días con quienes piensan diferente.
Y mientras Ella, Ana Lilia Rivera Rivera siga con su mensaje incendiario y temerario, pareciera que está convencida en que señalar enemigos produce más resultados y construye aliados.
Seguramente los otros tres o 4 aspirantes habrán de hacer algo en el preámbulo del registro que se llevará a cabo el próximo fin de semana con la firme intención de ser la o el candidato a la Gubernatura.
