MC dejó de ser una alternativa, porque la naranja está podrida

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Aquiles Castro

Si alguien quisiera definir el estado actual de Movimiento Ciudadano en Tlaxcala, bastaría con una simple imagen: un autobús vacío circulando por las carreteras del estado mientras sus dirigentes observan por la ventana esperando que alguien, quien sea, levante la mano para subirse y convertirse en candidato a Gobernador.

A un año de la sucesión gubernamental, el partido naranja no tiene proyecto, no tiene estructura sólida y mucho menos tiene una figura que despierte entusiasmo entre los ciudadanos.

Lo que sí tiene es una colección de aspirantes que parecen competir más por protagonismo interno que por ofrecer una alternativa seria para Tlaxcala.

El primer caso es el de Delfino Suárez Piedras, mejor conocido en los círculos políticos como “El Chango”, changuito y hasta basurero, quien durante meses intentó posicionarse como la gran carta de Movimiento Ciudadano para la gubernatura, pero el experimento terminó en absoluto fracaso igual que muchos proyectos políticos construidos sobre la ocurrencia y no sobre las ideas.

Su problema no fue la falta de reflectores. Fue la ausencia total de una propuesta seria. Su activismo parecía más orientado para sentarse a negociar candidaturas, posiciones y acuerdos políticos. En otras palabras, el objetivo no era ganar la gubernatura, sino rentar la candidatura al mejor postor. Un negocio político disfrazado de aspiración ciudadana.

Luego apareció Mariana Jiménez Zamora, la diputada federal que abandonó el PAN para refugiarse en Movimiento Ciudadano con la esperanza de convertirse en la nueva figura del partido y ser la gran salvadora del partido naranja.

Sin embargo, la realidad suele ser cruel con las narrativas artificiales. Su problema es que su trayectoria política es prácticamente inexistente fuera de la sombra que durante años le proporcionó su entonces esposo Julio Álvarez.

De no ser por el cabildeo del ex marido no habría tenido la mínima posibilidad de ocupar alguno de los espacios como candidata en otros momentos porque no fueron producto de esa plataforma política ni mucho menos personal.

Ya empoderada y una vez instalada en la Cámara de Diputados Federal, decidió desconocer políticamente a quien la impulsó y posteriormente protagonizó un proceso de divorcio rodeado de escándalos personales que dañaron seriamente su imagen pública.

La política puede perdonar errores. Lo que difícilmente perdona es la falta de credibilidad. Y hoy Mariana Jiménez carga con una reputación que dista mucho de convertirla en una candidata competitiva para una elección estatal.

Por si el panorama no fuera suficientemente desolador, también aparece en escena Dane Figueroa Martínez, dirigente estatal de Movimiento Ciudadano.

Su principal carta de presentación no es una trayectoria política destacada, ni una carrera administrativa sobresaliente, ni mucho menos un liderazgo social consolidado. Su mayor virtud parece ser el parentesco con Dante Delgado, propietario político de la franquicia naranja.

Porque llamar partido político a Movimiento Ciudadano en Tlaxcala sería una exageración. En muchos momentos funciona más como una sucursal familiar que como una organización democrática.

Cierto, Danae “la doctora” podría convertirse en candidata, aunque existe un pequeño detalle: gran parte de los tlaxcaltecas tampoco saben quién es ella y, según sus detractores, ella tampoco conoce buena parte de Tlaxcala. Un inconveniente menor cuando las candidaturas se reparten por apellido y no por méritos.

En medio de este desfile de improvisaciones surge el nombre de Gregorio Cervantes.

Uno de los pocos perfiles que puede presumir juventud, formación profesional y cierta trayectoria política propia. Tan escaso es el talento disponible en Movimiento Ciudadano que lo mismo lo contemplan para una diputación federal, que para la alcaldía capitalina o incluso para la Gubernatura.

Cuando un partido utiliza a la misma persona para tres cargos distintos no demuestra fortaleza. Demuestra desesperación.

Pero quizá la realidad más incómoda para Movimiento Ciudadano, es que a un año del día de las elecciones para relevar a la Gobernadora Lorena Cuéllar, ni siquiera parece estar buscando un candidato propio.

En los pasillos políticos cada vez toma más fuerza la versión de que la dirigencia nacional simplemente está esperando el desenlace de Morena. La apuesta sería sencilla: observar quién pierde la encuesta guinda Alfonso o Ana Lilia para ofrecerle inmediatamente refugio naranja.

Es decir, en lugar de construir liderazgo propio, MC estaría preparándose para reciclar los desechos políticos de Morena.

La estrategia no sería nueva. Tampoco sería sorprendente. Lo verdaderamente preocupante es que confirma la ausencia total de un proyecto estatal.

Y mientras Morena libra su guerra interna, Movimiento Ciudadano parece haberse resignado a ser la sala de espera de los inconformes. La cruda realidad del partido naranja en Tlaxcala: sin candidato, sin rumbo y sin identidad, aguardando que desde otro partido les manden un aspirante prestado para competir por la gubernatura.

Porque cuando una organización política deposita todas sus esperanzas en los rechazados de sus adversarios, deja de ser alternativa y se convierte simplemente en el bote de objetos perdidos de la política tlaxcalteca.