Aquiles Castro
Una toalla, es el souvenir de moda que es entregado a los asistentes que acuden a los eventos político electorales que realiza la Senadora de MORENA Ana Lilia Rivera.
La acción promovida por Ana Lilia Rivera, pretendería hacerla ver como si fuera una fórmula mágica, ya que al repartir esos accesorios con su nombre estampado, como si fueran talismanes de identidad, en reuniones que huelen más a mitin que a convivencia.
Dicen algunos de los asistentes que ese accesorio sirve para limpiarse de las mentadas de madre, regaños e injurias, por haber encumbrado a -su eterna enemiga- Lorena Cuellar Cisneros en la Gubernatura.
La eternidad que ha sido usada como bandera política por la aspirante a la Gubernatura no se mide en siglos de historia ni en la grandeza de sus pueblos originarios ya que la eternidad debiera medirse en la capacidad de los políticos para reinventar la propaganda con disfraz cultural.
Y aunque todo esto ocurre fuera de tiempo electoral, queda claro que al no haber reglas definidas, la creatividad política se viste de souvenir. El penacho indígena y el “Tlaxcala Eterna” no son símbolos de orgullo cultural, son etiquetas de campaña camufladas.
Una especie de “recuerdo gratis” que la estrategia política de la Legisladora Federal es usada para ganar adeptos y en lugar de honrar la tradición, la convierte en mercancía de ocasión.
La escena es digna de la sátira, Ana Lilia Rivera entregando telas impresas como si fueran certificados de pertenencia, convencida de que un pedazo de propaganda disfrazada de cultura puede sustituir propuestas, debates o resultados.
Queda claro que la estupidez seguirá siendo bandera de un proyecto falaz. Tlaxcala eterna, sí… pero también eterna la costumbre de disfrazar la política de fiesta popular, de convertir la herencia indígena en accesorio de campaña.
Y en ese vals, los accesorios se reparten como si fueran estampitas milagrosas con la esperanza de que cada tela bordada con su nombre se convierta en voto asegurado.
Solo falta ver estampas de la Legisladora Federal y al paso que vamos no dude poder ver hasta escapularios colgados entre sus cercanos, como si fuera una deidad religiosa.
La eternidad de Tlaxcala se merece respeto, no souvenirs electoreros.


