La burocracia lo ignoró y mejor canta para sobrevivir y por amor al arte

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Rosa Acosta

Francisco se cansó de andar mendigando por años de una ayuda o espacio laboral en instituciones y luego de ser ignorado por la gran maquinaria burocrática, ahora se sostiene brindando un momento de alegría con su canto.

El zócalo del centro de Tlaxcala en viernes se convierte en una imagen de su gente, de sus gustos y sus necesidades, estudiantes caminando felices por la llegada de fin de semana, extranjeros tomando fotografías a las ardillas que brincan de una jardinera a otra, oficinistas que salen a comer una paleta de helado bajo el sol de febrero en su receso para comer, el ruido de los coches, el sonar de las tazas y cubiertos de los locales de los portales y en una esquina a unos metros del Palacio de Gobierno, un hombre cantando apasionadamente con su micrófono conectado a una pequeña bocina.

Su nombre, Francisco Bernárdez Pardo originario de Michoacán desde 1973 radica en Tlaxcala, es técnico agropecuario de profesión, actualmente está desempleado pero le gusta cantarle a la gente, en ocasiones va a pequeños pueblos y ranchos para alegrar a la gente porque cuenta que hace mucha falta.

Su gusto por la música mexicana en específico tríos, boleros y música ranchera son las que le permiten a Francisco llevar alegría en las calles del estado con mensajes bonitos, limpios, no mensajes feos o violentos, en eso anda y a él le encanta cantar a su público.

Sus músicos favoritos son Javier Solís, Vicente Fernández y los tríos.

En el centro de la capital tlaxcalteca  lleva cantando por dos años, lo hace por necesidades económicas, porque desafortunadamente no pudo quedar pensionado de su antiguo empleo y lleva años tratando de conseguir un empleo fijo, no le han dado la oportunidad.

La falta de empleo es la razón por la cual canta en las calles, para ganar una monedas y apoyar en su familia, dice que en estos tiempos está muy difícil la situación, la gente de pueblo es la que más le ha apoyado económicamente, aunque humildes le regalan una monedita, gente limpia de buenos sentimientos y es por eso que se aventura más a los municipios alejados del centro del estado a cantar.

El cantante dice que ha tocado puertas en las Instituciones de gobierno, oficinas de programas de apoyos pero la burocracia puede más y como pan de cada día le ponen cualquier pretexto para no brindarle la ayuda necesaria, las vueltas a las oficinas y la tan famosa frase “no tiene la edad para trabajar”

Espera que con los nuevos programas del gobierno de la cuarta transformación pueda ser beneficiario y mejorar su calidad de vida pero por ahora está en “veremos”. De momento cuenta que ha tenido que batallar en la zona del centro del estado para que lo dejen cantar, incluso entregó un escrito para hacer las cosas por las vías correctas y que no le hicieron caso, diciéndole que no puede cantar ahí porque ya hay mucha gente que canta en distintos puntos del zócalo y que él y su música interrumpe la paz de las oficinas del Ayuntamiento.

Contra esa acusación el señor Francisco decidió ponerse lejos del ayuntamiento y más cerca del Palacio de Gobierno, su bocina tiene un alcance de diez metros y por si las dudas la tiene direccionada hacia el Museo de Arte de Tlaxcala, es imposible molestar a la distancia en la que está, lo último que quiere es causar problemas y que le quiten la única actividad que le brinda sustento.

Para concluir, el señor Fernando desea de todo corazón que las personas de “arriba” se pongan en los zapatos de la gente humilde, de los que sin saber, andan buscando la manera de salir adelante por la familia y que conozcan sobre la frustración de no obtener apoyo de ninguna parte, que no se olviden de la gente de abajo, que por esa gente, ellos se encuentran trabajando en oficinas sin preocuparse si van a comer o no, si tienen donde dormir, que hagan conciencia para apoyar a quien más lo necesita.

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