Los fantasmas de Alfonso Sánchez Anaya y Héctor Ortiz Ortiz rondan el proceso electoral 2027

Raúl Contreras Flores

Cómo olvidar aquellos viejos tiempos del poderoso partido tricolor, cuyas decisiones cupulares se aplicaban sin discusión alguna. La férrea disciplina distinguía a los militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Pero, todo cansa.

La primera ruptura trascendental dentro de las filas priistas se dio el 27 de abril de 1998. Con más de 38 años de militancia, Alfonso Sánchez Anaya abandonó las filas del PRI, a raíz de la imposición de Joaquín Cisneros Fernández como candidato al gobierno del estado.

En su carta de renuncia presentada ante la entonces secretaria general de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), Elba Esther Gordillo Morales, el Comité Directivo Estatal y el gobernador José Antonio Álvarez Lima, acusaba que el proceso interno para la selección del candidato a la gubernatura estaba “viciado al no ser claro ni equitativo, además de no garantizar transparencia”.

Elegido entre fuertes cuestionamientos, finalmente Sánchez Anaya se convirtió en el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Días después se concretaría la histórica “Alianza Opositora” encabezada por el PRD y los partidos del Trabajo (PT) y Verde Ecologista de México (PVEM). Alianza que a la postre se alzaría con el triunfo, apenas por una diferencia de 2.17 puntos porcentuales, en la jornada electoral de aquel 8 de noviembre de 1998. En efecto, aquella tarde-noche en la que “los mariachis callaron”. Así, el expriista Alfonso Sánchez Anaya se convertía en gobernador de Tlaxcala.

Sin aprender la lección, el PRI volvió a incurrir en el mismo error en la contienda electoral del 2004. De vuelta al viejo esquema autoritario y decisiones verticales, las dirigencias nacional y estatal, mediante una amañada convención estatal de delegados impusieron como candidato a la gubernatura a Mariano González Zarur, cuando las preferencias electorales, de acuerdo a los resultados arrojados por diferentes encuestas, señalaban como amplio favorito al entonces presidente municipal capitalino, Héctor Israel Ortiz Ortiz, lo que les hubiera permitido recuperar el Palacio de Gobierno.

Frente a la despótica decisión, el también exrector de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UATx) emitió en el mes de mayo de ese año una convocatoria dirigida a sus aún correligionarios, a los partidos políticos, a organizaciones independientes, a los distintos sectores productivos y miembros de la sociedad civil de diferentes ideologías a construir una gran alianza ciudadana por Tlaxcala.

Fue así como nació la “Alianza Ciudadana por Tlaxcala”, encabezada por el Partido Acción Nacional (PAN) y los partidos Justicia Social (PJS), Centro Democrático de Tlaxcala (PCDT) y Convergencia por la Democracia, así como por militantes del Partido del Trabajo (PT) y de la entonces creada Corriente Democrática Tlaxcalteca, de filiación priista, encabezada por el excoordinador de la LV Legislatura local, Ignacio López Sánchez, y la también exdiputada local, Alma Elia Nophal Nophal, quien falleciera pocos días después.

En los hechos, Héctor Ortiz se iba a enfrentar a dos candidatos impuestos por sus respectivos partidos: Mariano González Zarur (PRI) y María del Carmen Ramírez García (PRD), ambos senadores.

El resultado de la jornada electoral del 8 de noviembre de 2004 terminó en tribunales en favor del exalcalde capitalino. El 12 de enero del 2005 todo quedaba consumado. La verdad legal y la verdad histórica habían triunfado: Héctor Israel Ortiz Ortiz era el nuevo gobernador del estado de Tlaxcala.

Hoy, 22 años después, los políticos tricolores, pintarrajeados por encima de color guinda, se aprestan a repetir la historia. La morenista que encabeza todas las encuestas está siendo acorralada por la maquinaria gubernamental y a punto de ser despojada de la candidatura. Otro aspirante levanta la mano y se dice dispuesto a dar la batalla, hablamos de Carlos Augusto Pérez Hernández. Mientras, Óscar Flores Jiménez, funcionario en el gobierno de Delfina Gómez Álvarez, aún deshoja la margarita, aunque se dice que ya tiene gente operando a su favor en Tlaxcala.

La pregunta: ¿tendrá alguno de estos tres aspirantes la capacidad de aglutinar en torno suyo a dirigentes y militantes de todos los partidos políticos, sindicalistas, estudiantes y ciudadanos en general para impedir un eventual triunfo electoral de Alfonso Sánchez García, en caso de concretarse su imposición como candidato?

La paradoja: Alfonso Sánchez Anaya enfrentó el autoritarismo de su entonces partido político, el PRI; hoy a su hijo, Alfonso Sánchez García, bajo los colores de Morena pretenden autoritariamente imponerlo como candidato al gobierno del estado. ¡Vaya paradoja!

Lo dicho: los fantasmas de Sánchez Anaya y Ortiz Ortiz rondan el proceso electoral de 2027. Al tiempo.