Como viles “ánimas y momias”, se dicen poderosos en MC
Aquiles Castro
Nadie los ve ni los escucha, pero se sienten poderosos para gobernar Tlaxcala
Se trata de Delfino Suárez Piedras, Agustín Bretón Stakiewieckz y Efraín Mejía, quienes presumen defender las causas ciudadanas, sin embargo, su presencia política parece sacada de una película de terror: aparecen de vez en cuando, se cuelgan de proyectos ajenos y sueñan con cargos que difícilmente podrían alcanzar por méritos propios.
En Movimiento Ciudadano (MC) Tlaxcala, parece que la política se convirtió en una función de Halloween. Y no precisamente por las propuestas, los proyectos o el trabajo territorial de sus cuadros, sino porque hay personajes que, de tanto querer figurar, terminan pareciendo ánimas en pena: nadie los ve, nadie los escucha y, cuando aparecen, pocos saben qué hacen ahí.
Se trata de un peculiar trío de aspirantes que presume ser defensor de las causas ciudadanas, aunque su principal causa parece ser encontrar acomodo en alguna candidatura. Quieren el poder, pero todavía no consiguen convencer de que tienen algo más que ambiciones personales.
Por ejemplo, “El changuito” que se cuelga de todo, quien ya se siente con tamaño suficiente para disputar la gubernatura de Tlaxcala. El problema es que, en lugar de construir una estructura propia, sus detractores le atribuyen una peculiar habilidad: colgarse de los eventos y actividades que organizan otros aspirantes para aparecer en la fotografía y presumirlos como si fueran parte de su propia cosecha.
Lo peor es que no tiene eventos, propuestas, ni mucho menos recursos para fondear sus actividades proselitistas. Incluso, circulan señalamientos sobre presuntos cobros por actividades que, no habría financiado de su bolsillo.
Del Junior quien cada elección sueña con gobernar la capital, así es, se trata de Agustín Bretón Stankiewicz, quien mantiene vivo el sueño de convertirse en presidente municipal de Tlaxcala capital.
Y aunque su aspiración, no viene acompañada de una trayectoria política particularmente conocida por la ciudadanía. Entre las referencias que suelen mencionarse de su entorno está su parentesco con el exdiputado local Mariano González Aguirre y con el ex Gobernador Mariano González Zarur.
Para su mala suerte del priista de closet, es que hay episodios de su pasado que no se han borrado de la memoria pública.
Uno de ellos, fue en el sexenio de los marianos, y gracias a la cercanía con el priismo y el marianismo, usó la Casa de Cultura para realizar su boda, un espacio público cuyo aprovechamiento para fines particulares generó inconformidad y cuestionamientos sobre la disposición de instalaciones que pertenecen a los tlaxcaltecas.
Ahora pretende gobernar la capital. ¡Vaya salto! De los reflectores de una boda a los reflectores del Palacio Municipal, aunque todavía falta demostrar que tiene algo más que aspiraciones y relaciones familiares.
Y para completar el cuadro de oportunistas, aparece Efraín Mejía, otro personaje que parece haberse autoproclamado líder político, aunque su mayor escaparate electoral conocido es acompañar como suplente a Luis Alvarado, quien es promovido como eventual aspirante a la alcaldía de Tetla de la Solidaridad.
Es decir, mientras algunos construyen proyectos políticos, otros parecen conformarse con conseguir un lugar en la fotografía y esperar que la suerte haga el resto.
Y hablando de Tetla, tampoco puede pasar inadvertido el ambiente político municipal, donde las críticas ciudadanas han llegado hasta la dinámica del Palacio Municipal, que algunos comparan irónicamente con una guardería por las constantes referencias a pañales y biberones alrededor de la vida pública del alcalde.
Lo verdaderamente curioso, es que el trio de fracasados pretenden venderse como representantes de las causas ciudadanas, cuando todavía tienen pendiente demostrar que cuentan con respaldo social, trabajo territorial y resultados que justifiquen sus aspiraciones.
Seguramente no saben que, en política no basta con ponerse una camiseta naranja, tomarse fotografías, aparecer en eventos ajenos y repetir que se representa al pueblo.
La ciudadanía no necesita ánimas que aparezcan únicamente cuando hay candidaturas de por medio, ni momias políticas que despierten cada tres años para reclamar un espacio en las boletas.
Porque si algo deberían entender estos personajes de Movimiento Ciudadano es que el poder no se hereda, no se improvisa y mucho menos se consigue colgándose de la popularidad ajena.
Por lo pronto, el trío sigue buscando reflectores, mientras la ciudadanía parece seguir preguntándose quiénes son, qué han hecho y, sobre todo, por qué tendrían que confiarles un cargo público.
