octubre 27, 2026

Los náufragos del PAN: Minerva, Charly y Pablo

aquiles kastro
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Aquiles Castro

En Tlaxcala hay políticos que no cambian de partido por convicción ideológica, sino porque se les acabó el espacio donde seguir cobrando factura. Y cuando el barco comienza a hundirse, cualquier salvavidas sirve, aunque sea de otro color.

Así parece ocurrir con un peculiar trío de ex panistas por no decir “Los tres chiflados”, que ahora andan haciendo méritos para encontrar acomodo en el proyecto político de la morenista Ana Lilia Rivera Rivera.

A la cabeza de esta singular expedición aparece la ex perredista y ex panista senadora panista Minerva Hernández Ramos, acompañada por Charly Quiroz, exsecretario general del PAN, y Pablo Badillo, ex presidente municipal de Apizaco. Tres personajes que, después de haber militado y ocupado posiciones dentro del panismo, parecen haber descubierto repentinamente las bondades de la Cuarta Transformación. ¡Qué maravilla de conversión política! Ni los milagros de San Judas Tadeo resultan tan oportunos.

El asunto es que este trío no estaría llegando con las manos vacías, sino con una peculiar especialidad: la pepena de panistas extraviados, desencantados o políticamente desempleados, a quienes pretenderían convencer de sumarse al proyecto de Ana Lilia Rivera, bajo la expectativa de que, puedan recibir como recompensa alguna candidatura.

Al parecer, en esta nueva modalidad de reciclaje político, la militancia, la trayectoria y los principios son accesorios, aunque lo verdaderamente importante es cuántos nombres pueden juntar para presumir una estructura que, hasta ahora, tendría más de nostalgia panista que de músculo morenista.

Y aquí viene la pregunta incómoda: ¿qué le aportan realmente Minerva, Charly y Pablo al proyecto de Ana Lilia?, coincido con Usted, nada.

¿Acaso tienen estructura territorial? ¿Liderazgo social? ¿Capital electoral? ¿Operación política?

Porque una cosa es presumir fotografías, reuniones y adhesiones de ocasión, y otra muy distinta demostrar que detrás de esos movimientos existe una fuerza capaz de mover votos.

Hoy día y ante la grave situación que enfrenta Ana Lilia en MORENA, no entienden que la política no funciona con álbumes de estampitas, ni con colecciones de ex panistas. Tampoco se construye un proyecto ganador juntando a quienes buscan desesperadamente una segunda oportunidad para seguir apareciendo en la boleta electoral y vivir de la ubre política y presupuestal.

Lo verdaderamente irónico es que quienes durante años defendieron las siglas del PAN hoy parecen dispuestos a convertirse en promotores de Morena, siempre y cuando exista la posibilidad de recibir una candidatura a cambio. La ideología, al parecer, quedó guardada en el cajón donde también se archivaron sus antiguas convicciones partidistas.

Y para Ana Lilia Rivera, el asunto tampoco es menor. Si su proyecto necesita recurrir a los náufragos del panismo para aparentar crecimiento, quizá debería preguntarse si está construyendo una estructura propia o simplemente está alquilando supervivientes de otras batallas electorales.

Porque sumar nombres no significa sumar votos, y mucho menos liderazgo. Los partidos no se fortalecen con políticos que cambian de camiseta cada vez que las circunstancias les cierran una puerta.

Minerva, Charly y Pablo parecen estar jugando a las mudanzas partidistas: ayer azules, hoy simpatizantes de un proyecto guinda y mañana quién sabe de qué color, obvio, dependerá de dónde les ofrezcan una candidatura.

Al final, la pregunta no es cuántos panistas extraviados pueden recoger de la banqueta política, sino cuántos votos son capaces de aportar sin recurrir a promesas de candidaturas.

Porque si su principal capital político consiste en buscar acomodo, repartir expectativas y sobrevivir electoralmente, entonces no estamos frente a una operación de fortalecimiento político, sino ante una auténtica cooperativa de náufragos buscando quién los rescate.

Y vaya paradoja: Ana Lilia quiere construir un proyecto de futuro, pero algunos de sus nuevos acompañantes parecen empeñados en vivir de las glorias de un pasado que ya ni siquiera les pertenece, después de que se ha quedado sin el apoyo de la estructura morenista.