noviembre 3, 2026

Charly Quiroz: del panismo al proyecto de la sobrada LadyMetepantle

ROBERTO NAVA
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La eventual expulsión de Carlos Quiroz Durán del Partido Acción Nacional (PAN) y algunos otros traidores, podría convertirse en algo más que un trámite disciplinario: representa el desenlace de una ruptura política en la que se cruzan la deslealtad partidista, los intereses personales y una incómoda reclamación económica.

No se si Usted coincida, pero el caso de Charly Quiroz tiene una dosis de ironía política difícil de ignorar, sobre todo, porque quien fuera secretario general del PAN en Tlaxcala, y llegara a ocupar una posición de relevancia en la estructura partidista, ahora enfrenta la posibilidad de ser expulsado de las filas que durante años le dieron cobijo político.

Si bien su acercamiento al proyecto político de la soberbia Ana Lilia Rivera, coordinadora de la defensa de la transformación en Tlaxcala, no solamente exhibe su ruptura con Acción Nacional, sino que también pone sobre la mesa una vieja interrogante de la política: ¿cuánto pesan las convicciones y cuánto los intereses cuando se cambia de camiseta?

Y no es que el éxodo de panistas hoy con casaca morenista sea un descalabro político, como en su momento lo han hecho creer los disidentes azules, que se fueron porque no están de acuerdo en que su dirigente Ángelo Gutiérrez Hernández, se haya agandallado las candidaturas para él y su familia.

Pero el episodio adquiere un matiz todavía más peculiar, tras la versión de que Charly Quiroz salió por la puerta trasera y hoy ande mendigando un finiquito de entre 40 y 80 mil pesos, después de su salida del instituto político.

Aquí aparece una contradicción que merece atención: mientras políticamente parece haber dado vuelta a la página para sumarse a Morena, en el terreno económico no andaba muy bien como pregonaba con sus cercanos.

Hay otro elemento que no debe perderse de vista.

Charly Quiroz no fue un militante de paso. Fue secretario general, acompañó a Miriam Martínez Sánchez en la dirigencia estatal y formó parte de la estructura que tomó decisiones dentro del panismo desde el proceso interno de renovación del 2021.

Por eso, su incorporación al entorno político de Ana Lilia Rivera tiene una lectura distinta a la de un simple simpatizante que decide cambiar de preferencias electorales, por ejemplo, el chapulineo de “El Saga” quien de MORENA solo tiene el color en la piel.

Dicen sus críticos que el nuevo color morado que presume en su corazón, se parece más a dulce camote que al color que maneja el partido en el poder.

Sí Charly Quiroz durante años defendió las siglas del PAN y ahora participa en un proyecto que busca arrebatarle espacios políticos a ese mismo partido, no es tanto que se trate de una transformación ideológica, sino más bien de una nueva apuesta por conservar vigencia política.

Y para el caso de la prepotente Ana Lilia Rivera, tampoco es un asunto menor de incorporar a cualquier tránsfuga, ya que su proyecto político está conformado con los desechos de partidos políticos del PAN, PRI, PRD, PT, PS, FxM, y todo lo que nadie quiera, que si bien pueden darle fotografías, interlocutores y la impresión de sumar estructura, no necesariamente significa incorporar votos ni liderazgo territorial.

A resumidas cuentas, el PAN tiene la oportunidad de demostrar que sus estatutos no son letra muerta y que nadie está por encima de sus reglas.

Sin embargo, debe cuidar que la expulsión no termine convertida en un espectáculo de confrontación entre antiguos aliados.

En política, las renuncias pueden ser voluntarias, las expulsiones pueden ser reglamentarias y los finiquitos pueden ser legalmente exigibles.

Lo que resulta difícil de justificar ante la opinión pública es pretender que todo se puede conservar: los beneficios del pasado, las oportunidades del presente y las expectativas de una nueva candidatura.