septiembre 8, 2026

Ana Lilia sabe que ya perdió y da patadas de ahogada

aquiles kastro
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Aquiles Castro

Por lo visto, la Senadora Ana Lilia Rivera ya entró en esa incómoda etapa de la política donde la realidad supera la ficción y cada momento que pasa, comienza a ser más difícil maquillar la cruda realidad.

Por eso, cuando las cuentas no cuadran y el respaldo no aparece, siempre queda un último recurso: curarse en salud.

Y eso, es precisamente lo que parece estar haciendo la senadora: preparar desde ahora el terreno discursivo para que, si las cosas no salen como espera, pueda decir que no perdió… sino que “le hicieron algo”.

Ya la oigo decir que le robaron el triunfo, que el pueblo ganó, que no fue respetada la voluntad del pueblo, que ella era la más fuerte, y todo aquello que busque demeritar los resultados próximos que mantienen en incertidumbre aún a quienes aspiran gobernar Tlaxcala.

Sin embargo, es parte de la estrategia, generar la percepción de que hay músculo, respaldo y estructura, aunque para ello sea necesario desempolvar fotografías de reuniones pasadas, reciclarlas y presentarlas como si fueran la prueba de una movilización permanente, que en los hechos no existe.

Una foto con gente alrededor puede decir muchas cosas. Lo que no puede hacer es convertir automáticamente una reunión en una estructura política, ni una fotografía vieja en respaldo vigente.

Pero cuando faltan resultados, sobran encuadres.

Y así, mientras uno construye en territorio, otros parecen dedicarse a construir escenarios para las redes sociales ya sea con declaraciones y amagues que llevan la finalidad de poder negociar lago para no quedarse sin nada.

Porque una cosa es tener fotografías con gente y otra muy distinta es tener gente movilizada, convencida y dispuesta a votar.

Aunque lo verdaderamente revelador de estas maniobras, no es la cantidad de personas que aparecen en una imagen, sino la necesidad de demostrar desesperadamente que existen.

Queda claro que la política, no se gana con álbumes reciclados ni con multitudes de archivo.

Así que no nos extrañe que en un par de días, al no lograr los números que presume Ana Lilia, muy seguramente ya tendrá listo el argumento, de que la engañaron, que le jugaron chueco, que le quitaron algo, que hubo traiciones o que alguien más tuvo la culpa y sea más fácil curarse en salud antes de enfermarse electoralmente.

Porque cuando una candidatura empieza a preparar la explicación de su derrota antes de conseguir la victoria, quizá el problema no está en las fotografías.

Está en la realidad que intentan ocultar detrás de ellas.