Aquiles Castro
En la política tlaxcalteca existe una especie muy peculiar que son los aspirantes permanentes, sin importar cuántas veces fracase, cuántas puertas se le cierren o cuántos cuestionamientos arrastre en el camino; siempre encuentra la manera de volver a aparecer en la boleta de los sueños y en esa categoría encajaría perfectamente Rodolfo Brito Jiménez.
El exdirector del COBAT 01 vuelve a hacer ruido con sus aspiraciones de convertirse en alcalde de Tlaxcala por el partido que se pueda, después de haberle incumplido al Partido del Trabajo (PT) instituto político que usó para saciar sus aspiraciones truncadas.
Lo verdaderamente sorprendente no es que quiera competir otra vez, sino que considere que los ciudadanos han olvidado las polémicas que acompañaron su paso por la institución educativa.
Durante su gestión, el plantel fue escenario de diversos señalamientos públicos que dañaron la imagen de una institución que debería estar dedicada exclusivamente a la formación de jóvenes.
Acusaciones, críticas y cuestionamientos sobre el manejo administrativo y el supuesto uso político de la estructura educativa formaron parte de una etapa que difícilmente puede presumirse como carta de presentación.
Por supuesto, en política la memoria suele ser corta, pero no inexistente. Y mientras algunos pretenden vender experiencia, los ciudadanos tienen derecho a preguntarse si esa experiencia produjo resultados o simplemente generó controversias.
Lo curioso es que Brito Jiménez parece convencido de que la alcaldía de Tlaxcala es una especie de destino manifiesto que tarde o temprano le pertenece. Como si la insistencia sustituyera a la construcción de liderazgos, como si repetir una aspiración una y otra vez fuera suficiente para convertirla en realidad.
La capital del estado enfrenta problemas serios: inseguridad, movilidad deficiente, deterioro urbano, crecimiento desordenado y servicios públicos cada vez más cuestionados.
Frente a ello, los ciudadanos requieren propuestas, capacidad y credibilidad. No basta con aparecer en la fotografía correcta ni con desempolvar viejas estructuras políticas.
En política, querer no siempre es poder. Y mucho menos cuando el equipaje que se carga genera más preguntas que certezas. La elección que viene no será una competencia de persistencia, sino de confianza. Y esa es precisamente la moneda más difícil de conseguir cuando el pasado sigue tocando la puerta.

