Marvel, un pirómano de la comunicación deslenguado, torpe y…

Aquiles Castro

Hay funcionarios que por más que presuman ser los más chingones de la película, en los hechos son burdos, torpes y pen…dencieros cuasi pirómanos de la comunicación

Entienden la comunicación social como un ejercicio de precisión. Y hay otros que la entienden que tener un micrófono abierto sirva para lanzar cifras llamativas. Por lo visto, en Tlaxcala estamos frente al segundo caso.

El coordinador de Comunicación Social del Gobierno de Tlaxcala, Antonio Martínez Velázquez, decidió recientemente simplificar el funcionamiento del Congreso local con una frase tan contundente como engañosa: los diputados “cuestan” más de 16 millones de pesos.

Dicho así, por supuesto, suena escandaloso. Ese es precisamente el punto.

El problema es que el Congreso del Estado de Tlaxcala no es un club privado ni una oficina de asesorías personales que tiene sus honrosas excepciones.

Es un poder público independiente con estructura administrativa, trabajadores sindicalizados y de confianza, obligaciones laborales derivadas del contrato colectivo, gastos de mantenimiento del recinto legislativo, servicios, logística y una larga lista de costos operativos que permiten que la institución funcione.

Sin incluir lo que cuesta la manutención y operación del Órgano de Fiscalización Superior (OFS), que seguramente no se contempló en las cifras millonarias que perciben los Legisladores locales.

Habrá que incluir uno que otro gasto discrecional que sale a través del Comité de Administración desde donde se controla la ministración para los amigos, recomendados y hasta para fomentar aspiraciones políticas.

Lo grave de esta situación, no recae en descubrir el hilo negro ni el agua tibia por las percepciones jugosas de los hacedores de leyes, sobre todo porque hay un alto número de Diputadas y Diputados improductivos

Pero explicar todo eso requiere algo que no parece estar de moda en ciertas oficinas públicas denominado, rigor.

Así que es mucho más fácil tomar una cifra grande, colgársela completa a los diputados y soltarla en una declaración innecesaria que llegó en un momento crucial, con declaraciones sensacionalistas.

Obvio, el efecto mediático estuvo garantizado porque el Coordinador de Comunicación Social, lo logró: titulares rápidos, indignación automática y la sensación de que alguien “puso el dedo en la llaga”. Aunque el dato, en el fondo, esté torcido.

Lo verdaderamente llamativo es que esta simplificación no venga de un opinador de sobremesa ni de un usuario indignado en redes sociales, sino de la oficina cuya responsabilidad es precisamente evitar que la información pública se distorsione.

Y más, que la difusión de los evidentes excesos, salieran desde la oficina de la CCOM, una oficina que no sabe de cuidar la imagen o el mensaje, institucional.

Con la nueva afrenta, ya nada se puede esperar, porque desde ese espacio ridículo denominado diálogos circulares, se tacha de ineficiente, mentiroso y hasta pendejea a quien se atrevan a preguntar.

A ese paso, nada más falta replicar la pregunta estúpida de una aspirante al Gobierno de Tlaxcala que se quedó con las ganas de ser abanderada por MORENA.

Antonio Martínez no debería dedicarse a fabricar percepciones, sino a explicar realidades.

El tal MARVEL no está para competir por el comentario más estridente ni para alimentar polémicas fáciles con números alegres.

Ni mucho menos hablar de temas que no le corresponden, y además de que generan desinformación, se fomente una inútil confrontación.

Lo grave de este tipo de situaciones, es que al día de hoy no hay quien le ponga un freno ni mucho menos un bozal. Lo más grave aún, es que ese deslenguado funcionario sea la cara de la Gobernadora Lorena Cuellar a quien buscó confrontarla con sus aliados en un momento crucial.

Ante esa cruda realidad, la fragilidad de la Gobernadora sigue latente y el miedo de Lorena Cuéllar vaya a la alza y todo por mantener funcionarios innecesarios.

URGE un nuevo titular en la Coordinación de Comunicación Social, y que la o él, relevo tenga conocimiento a que llegar y que no se sienta superior a la Gobernadora.