Raúl Contreras Flores
“Y verás cosas aún más peores”, reza la cita bíblica. Esto a propósito de las dos “encuestas” que en los últimos días se dieron a conocer, cuyos resultados refieren que el alcalde capitalino, Alfonso Sánchez García, ya se encuentra presuntamente en el primer lugar de las preferencias electorales con una ventaja de tres puntos porcentuales en promedio, por arriba de la senadora Ana Lilia Rivera Rivera.
Con tan “genial estrategia”, queda más que claro que la ilegal campaña impulsada desde los oscuros sótanos de Palacio de Gobierno va con todos los recursos, económicos y humanos, para tratar de crear confusión y desánimo entre el electorado al pretender reposicionar al representante del lorenismo.
Ante el rechazo mayoritario expresado en las benditas redes sociales, en donde cada vez que aparece la imagen del imberbe político lo tunden de manera inmisericorde, sólo queda a los iluminados estrategas lorenistas el vil recurso de recurrir al mundo de la fantasía, de las cifras alegres, de la autocomplacencia o el autoengaño. Todo sea por mantenerse aferrados al poder, a no perder el manejo patrimonialista de los recursos públicos. Por conservar a las familias de siempre al frente del gobierno, salvo algunos sexenios en el que perdieron el control político debido a su voracidad y excesos. En efecto, como cuando perdió la contienda electoral la entonces senadora María del Carmen Ramírez García, a quien le quería heredar la silla principal de Palacio de Gobierno su esposo, Alfonso Sánchez Anaya. La dura lección al parecer no fue aprendida.
Como esas “encuestas”, seguramente con el paso de los días otras iguales o con mejores números aumentarán su aparición cada vez más. Sin embargo, no hay que olvidar que la gente de Tlaxcala está muy politizada, diría el expresidente Andrés Manuel López Obrador, “está muy avispada”, y difícilmente caerá en la trampa.
Por otro lado, no deja de causar sorpresa el hecho de que Óscar Flores Jiménez, a pesar de tener mínimos porcentajes de preferencias en las encuestas, en redes sociales tiene significativa presencia y buena aceptación a su eventual candidatura. Es correcto, ni las redes sociales ni las encuestas votan, baste recordar el caso del efímero “gobernador de las redes sociales”, cuyo partido infantilmente le fue arrebatado de las manos. Y, si el aún secretario de Finanzas del gobierno del estado de México aspira seriamente a ser el elegido, es hora de que haga presencia en el territorio tlaxcalteca.
En tanto, Carlos Augusto Pérez Hernández mantiene la esperanza de alcanzar un empate técnico con el inflado aspirante oficialista. Empate que le permitiría competir con firmeza la candidatura morenista. Del otro suspirante, ligado a presuntos delincuentes en la Cámara de Diputados, nada que hablar.
Frente a este escenario varonil, la gobernadora neomorenista, Lorena Cuéllar Cisneros, hará todo lo posible y hasta lo imposible porque la candidatura recaiga en un masculino. Jamás aceptará que la senadora Ana Lilia Rivera Rivera sea la candidata de Morena a sucederla en la gubernatura. Su enemistad, el racismo y clasismo son demasiado grandes. Aparte de las insalvables diferencias políticas e ideológicas que existen entre ambas políticas. Y sus muy distintos orígenes.
Sólo una orden venida de la nueva dirigencia nacional o salida de Palacio Nacional podría poner quieta a la expriista y exigirle que saque sus sucias manos del proceso interno morenista. Además de respetar lo que señalan todas las encuestas en cuanto a las preferencias para definir al próximo candidato (a) al gobierno del estado. Ya se verá.
De la sorpresiva aparición de Dulce María Silva Hernández, por cuestión de espacio hablaremos en otra entrega.

