Aquiles Castro
En el papel, el diseño institucional del Congreso local no deja lugar a dudas. La Ley Orgánica del Poder Legislativo del Estado de Tlaxcala es clara: las y los diputados no solo deben asistir a sesiones o levantar la mano, sino estudiar, debatir, legislar y representar con dignidad a la ciudadanía.
En la práctica, hay casos que obligan a cuestionar si ese mandato realmente se cumple.
Uno de ellos es el de la diputada de MORENA, Brenda Cecilia Villantes Rodríguez quien fue reelecta en el cargo a pesar de que no presentó resultados que ameritaran esa designación y llegó al Congreso bajo una figura que no es menor: la representación indígena.
No es un cargo cualquiera, -en teoría- es una deuda histórica que el sistema político intenta saldar dando voz a quienes por décadas fueron ignorados.
Pero en la práctica, esa voz hoy suena más a eco que a propuesta, porque cuando se revisa su paso por el Congreso, el dato es frío y contundente: no hay una agenda legislativa sólida en materia indígena. No hay reformas de fondo. No hay iniciativas que marquen un antes y un después.
Y entonces surge la pregunta inevitable: ¿a quién está representando realmente?, a los intereses de su tía que sueña en ser Gobernadora cuando ambas no pueden pagar el dinero prestado
Se dice ser la cara de los indígenas, hay presencia, pero no incidencia. Hay discurso, pero no estructura. Hay cargo… pero no contenido.
Lo más delicado no es la baja productividad -que ya de por sí es grave-, sino la contradicción política: fue reelecta sin haber construido una agenda que justifique esa continuidad.
En Tlaxcala, la operación política sigue valiendo más que el trabajo parlamentario, porque mientras algunos legislan, otros administran la inercia.
Su paso por el Congreso ha estado marcado más por la polémica que por la profundidad legislativa. No es un secreto que, en tiempos recientes, su nombre trascendió más allá de Tlaxcala, no por una iniciativa de alto impacto, sino por evidenciar vacíos preocupantes en temas clave como la seguridad pública.
Brenda Villantes no solo es diputada, también preside la Comisión de Seguridad y Protección Civil en el Congreso local. Y ahí el escenario es igual -o peor-.
En un contexto donde la seguridad pública y la gestión de riesgos son temas urgentes, la comisión que encabeza no ha generado una producción legislativa relevante.
No hay reformas de fondo. No hay iniciativas que respondan al momento que vive el estado. No hay liderazgo parlamentario visible.
Es decir: ni en su representación de origen, ni en la responsabilidad que le fue conferida dentro del Congreso, hay resultados que sostengan el discurso político.
Y entonces la narrativa se cae sola.
Porque una cosa es no destacar…y otra muy distinta es pasar desapercibida teniendo dos trincheras clave: una curul indígena y una comisión estratégica.
En política, la forma también es fondo, porque no se trata únicamente de errores discursivos o momentos incómodos. El problema de fondo es otro: la distancia entre la responsabilidad del cargo y la capacidad para ejercerlo.
La Ley no es decorativa. Establece con claridad obligaciones como participar activamente en comisiones, dictaminar con conocimiento y atender con seriedad las demandas sociales, no es opcional.
En un Estado como Tlaxcala, donde los retos en seguridad, desarrollo rural y gobernanza son tangibles, resulta particularmente delicado que quienes ocupan espacios de decisión no dominen los temas que están llamados a resolver. La improvisación, en estos casos, no es solo un defecto: es un riesgo.
Y sin embargo, el fenómeno no es aislado. La presencia de perfiles con limitada preparación técnica o política en los congresos locales es parte de una realidad más amplia: la política como espacio de cuotas, no necesariamente de capacidades. En ese contexto, Villantes no es una excepción, sino un síntoma.
Esto no significa negar su participación formal en el trabajo legislativo. La diputada ha presentado exhortos y forma parte de comisiones. Pero la pregunta que hoy se hacen muchos ciudadanos no es si participa, sino cómo participa y con qué nivel de profundidad.
El fondo del debate no debería centrarse en una persona, sino en lo que representa:
¿Estamos eligiendo representantes o improvisando gobernantes?
¿Se está cumpliendo con el espíritu de la ley o solo con la apariencia?
En tiempos donde la ciudadanía exige resultados, transparencia y profesionalismo, el Congreso no puede darse el lujo de ser un espacio de aprendizaje básico, aunque la Diputada local Brenda Cecilia Villantes rompió ese paradigma.

