Aquiles Castro
La aparición de pintas “Yo con él” encendieron la mecha y la sospecha.
Tan es así que, apenas hace unos días, el presidente municipal de la capital, Alfonso Sánchez García, salió a decir que no autorizó esas bardas y que procedería ante las autoridades correspondientes.
Sin embargo, las redes sociales no perdonan y han hecho lo suyo, lo acusan de actos anticipados de campaña, de querer suceder de manera descarada a Lorena Cuéllar Cisneros, de estar moviendo fichas mientras finge sorpresa.
Y no solo las redes, sino la propia defensora del Metepantle que ya no sabe si va, viene o de a tiro ya se fue.
Lo más grave es que el escándalo de las bardas han provocado que el alcalde ya no pueda ni pararse a comer un tamal sin que le inventen una negociación en la mesa.
Pero si de sospechas hablamos, la trama se vuelve más interesante cuando estupidamente entra el fuego amigo.
Mandar a Edvino Delgado Rodríguez, a defender lo indefendible fue la peor de las torpezas ya que su mentora lo mandó a la guerra sin fusil.
Cierto, fue uno de los fundadores de Morena en el estado y a la fecha no le ha tocado roer algún hueso por insignificante que nadie quiera como muchos morenistas más y hoy sea el principal defensor de la Senadora Ana Lilia Rivera.
En días anteriores, ofreció una conferencia de prensa para denunciar que no es válido que la dirigente estatal del partido, Marcela González Castillo, sea esposa del edil tlaxcalteca justo cuando él aparece en la lista de posibles aspirantes a la gubernatura.
¿Coincidencia?
Porque, si las bardas de “Yo con él” son motivo de escándalo, ¿por qué no lo son las de “Porque es una mujer honesta, es ella”?
Aunque de que sea honesta, no me consta de ahí que tenga mis dudas.
Así que la indignación cuando es parcial deja de ser ética.
Lo que estamos viendo no es un debate sobre legalidad electoral, eso lo determinarán las autoridades, sino una disputa descarnada por el control de la narrativa rumbo a 2027, por lo que, en ese relato, Alfonso Sánchez García ha pasado de ser un actor secundario a convertirse en el blanco favorito y preferido del clan riverista.
El grupo de la Legisladora de Calpulalpan amante de las finas pieles, bolsos de diseñador, de un pésimo gusto para vestir y no tener una personalidad propia, parece haber entendido que la contienda empieza a inclinar la balanza, y como sigue sintiendo que el piso no la merece y se le mueve, la reacción natural es tensar la cuerda.
Y mientras más brochazos en Tlaxcala, la sucesión más que cantada, está adelantada.
La pregunta no es ¿quién pintó las bardas, es quién gana con ellas?.
Y del corazón, en una siguiente hablamos porque el amor, es otra historia.

