Ante la “desaparición” de los árbitros electorales en Tlaxcala, todos los aspirantes morenistas podrían salir a hacer campaña

Raúl Contreras Flores

Por si existía alguna duda respecto al destinatario de miles de bardas, lonas, espectaculares, carteles, y calcomanías en los que se lee el nombre de un municipio de Tlaxcala seguido de la frase “Va con él”, a la que remata un corazón, todas han quedado despejadas.

Horas después de la visita a la entidad tlaxcalteca de la cada vez más acorralada Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la cual tuvo como telón de fondo el “Día del amor y la amistad”, fueron colocados sendos espectaculares en diferentes partes del estado en los que se lee con toda claridad: “Tlaxcala va con él. Y él es Alfonso Sánchez”.

Al respecto, se desconoce si ese día Sheinbaum Pardo aprobó a la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros, continuar con más intensidad y abiertamente con la adelantada campaña en pos de obtener la candidatura morenista a la gubernatura de Tlaxcala, en favor del hijo del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya. O bien, si la expriista, ante la complicidad u omisión de los organismos electorales nacional y local, decidió unilateral e impunemente desde su trono impulsar con el uso de la estructura gubernamental la precandidatura de su aspirante preferido, aquel que podría cubrirle las espaldas.

En este inédito escenario, en el cual se vuelve a tomar al estado de Tlaxcala como un laboratorio político-comicial promovido desde las altas esferas del poder, ahora con las autoridades electorales prácticamente desaparecidas para no entorpecer el antidemocrático experimento, la adelantada contienda interna de Morena para elegir a su candidato a la gubernatura se juega en terrenos fangosos. Frente a esta circunstancia, cada uno de los aspirantes tiene ante sí la oportunidad de romper las reglas establecidas, a recurrir a la ilegalidad, a las artimañas, al juego sucio para obtener la ansiada candidatura. Así ya lo marcaron en su evidente desesperación la gobernadora Lorena Cuéllar y su delfín, el alcalde capitalino Alfonso Sánchez García.

Entonces, no será posible acusar a los otros aspirantes: Ana Lilia Rivera Rivera, Carlos Augusto Pérez Hernández, ni Óscar Flores Jiménez, si éstos deciden hacer exactamente lo mismo que la camarilla de Palacio de Gobierno.

La gran diferencia radica en que, a pesar del millonario gasto hecho en la adelantada campaña del edil de Tlaxcala, éste tiene muy poca aceptación entre el electorado, lo que ha provocado una intensa movilización de la dupla Cuéllar Cisneros-Sánchez Anaya. En los últimos días se ha incrementado la presencia de viejos liderazgos del gobierno sánchezanayista rondando por el Palacio Municipal, en compañía de pequeños grupos de personas. La intención por demás es más que obvia.

A esto habrá que agregar la presunta llegada a las cloacas del gobierno lorenista de Eukid Castañon Herrera, personaje de negro historial ligado al morenovallismo, hoy convertido en “operador” y “estratega” de políticos expriistas, expanistas y experredistas enfundados en la casaca de Morena. Exactamente, tal como hoy ocurre en el gobierno de la expriista.

Por cierto, ¿qué esperaban?, ¿qué el vocero del gobierno aceptara que el exconvicto ya llegó para instrumentar una guerra sucia en contra de los adversarios de Alfonso Sánchez García?

Coincidencia o no, ahora hay fotógrafos que pasan “discretamente” a tomar registro de quienes forman parte de otros aspirantes cuando se encuentran en compañía de periodistas “incómodos” disfrutando un rico café en el Portal Grande de la ciudad capital.

¡Vaya “Cuarta Transformación” la de lorelandia!