Raúl Contreras Flores
A menos de año y medio de llevarse a cabo el proceso electoral en el que habrán de renovarse la gubernatura y otros cargos de elección popular en la entidad tlaxcalteca, el golpeteo mediático entre los dos principales aspirantes morenistas a obtener la ansiada candidatura arrecia.
Por un lado, se encuentra la senadora Ana Lilia Rivera Rivera, quien trabaja de la mano del también senador José Antonio Álvarez Lima. Por su lado, el alcalde capitalino, Alfonso Sánchez Jr., cuenta con el impulso de la gobernadora neomorenista Lorena Cuéllar Cisneros, además de la forzada “adhesión” que en los últimos días públicamente le han expresado funcionarios lorenistas, en efecto, aquellos que asomaron su cabeza y puerilmente llegaron a soñar con la candidatura entre sus manos. El respaldo más reciente se lo acaba de ofrecer el exgobernador priista, Marco Antonio Mena Rodríguez, actual cónsul de México en San Francisco, California, EEUU. Equipo de apoyo al que se suma la dirigencia estatal de Morena encabezada por Marcela González Castillo, esposa del hijo del exgobernador Alfonso Sánchez Anaya.
A pesar de la orfandad política local en la que se encuentra la oriunda de Santiago Cuaula, municipio de Calpulalpan, en todos los resultados arrojados por los estudios demoscópicos y sondeos aplicados por casas encuestadoras, Ana Lilia Rivera aparece en el primer lugar de las preferencias electorales hasta por un margen de dos dígitos. No obstante, esta circunstancia no es definitoria, ya que a nivel nacional primero se tendrá que determinar el tema de género y, a partir de ahí, elegir a la candidata o candidato al gobierno de Tlaxcala.
Si se opta por respetar la alternancia en el género, la candidatura deberá recaer en un masculino que, ante las condiciones particulares que rodean el escenario actual, se presume sería Alfonso Sánchez Jr. De ser así, y, dadas las alianzas y apoyos que ha recibido hasta este momento, cabría preguntar quién o quiénes realmente llegarían a gobernar: ¿Lorena Cuéllar Cisneros? ¿Alfonso Sánchez Anaya? ¿Marco Antonio Mena Rodríguez? ¿Beatriz Paredes Rangel? ¿Marcela González Castillo? ¿Joaquín Cisneros Fernández? ¿Los aspirantes soñadores? Otra pregunta: ¿para todos alcanzaría el pastel llamado Tlaxcala? Una pregunta más: ¿y, entonces, la mayoría del pueblo que se ha pronunciado por una opción diferente, dónde queda?
¡Pues no qué el pueblo pone y el pueblo quita!
Ahora, si no hay alternancia de género, la candidata natural sería la arrinconada senadora Ana Lilia Rivera Rivera. Sólo que su designación dependerá exclusivamente de la voluntad de quienes manejan el partido creado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador, y toman las decisiones a nivel nacional.
Aunque deberán pensarlo muy bien antes de elegir al candidato o candidata. El pueblo tlaxcalteca, diría el tabasqueño, “está muy avispado” y difícilmente aceptaría una imposición, sobre todo después de estar padeciendo uno de los peores gobiernos de los últimos 40 años, tal como lo es el de Lorena Cuéllar Cisneros.
Si no se respeta la voluntad popular sería tanto como traicionar el apoyo que por décadas los tlaxcaltecas le han dado al lopezobradorismo, primero en el PRD y después en Morena. Cuyas votaciones a favor de sus proyectos políticos han sido referentes a nivel nacional.
Una tercera vía podría ser Óscar Flores Jiménez, actual secretario de Finanzas en el gobierno de Delfina Gómez Álvarez, y antes funcionario federal en el sexenio de López Obrador.
P. D. Acuérdese senadora que la que se enoja pierde; no pierda la cabeza, recuerde lo que recomienda la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo: ¡Serenidad y paciencia…! Y mantener la cabeza fría.

